LA QUINTA ESENCIA

Bajo la noche...


Fue un grito dentro de su ser.

La necesidad imperiosa de sentirse libre la había llevado a hacerlo.

Ahora era tarde para arrepentirse. Ahora era tarde para volver atrás.
Y cuando ya no se podía hacer nada, llegó el miedo.
No. No. No.
El remordimiento corrompía su delicada conciencia en una deseperante agonía.

Atormentada por el acto, comenzó a correr. Comenzó a correr dejando atrás sus recuerdos, una vida sepultada bajo el manto del sufrimiento.

La sangre que dejaba tras de sí y las lágrimas que recorrían su pálido rostro eran sus únicas compañeras.


La noche cubría de oscuridad el cielo.
Tan sólo la luz de la Luna iluminaba la escena.
En su cara se podía ver la expresión de la desesperación.


Y cuando ya no pudo más, tomó la última decisión de su vida.

Ahora si que no había vuelta atrás.
Pero ahora ya no le importaba. No le importaba dejar atrás su vida; ahora por fin se sentía libre.

Un poco más calmada, inspiró con fuerza el húmedo aire del entorno, el aire que sería expulsado como su último aliento; y su alma salió del cuerpo y recorrió con la mirada el inmenso cielo, rozando las estrellas; en los pocos segundos que su cuerpo tardó en desplomarse.

Hay momentos...


Hay momentos en los que te sientes triste. Desolado. Abandonado.
Hay momentos en los que te gustaría desaparecer, en los que te gustaría perderte en el tiempo.

Hay momentos en los que recuerdas lo que sucedió. Entonces te acuerdas de que todo ya ha pasado... Te das cuenta de que no hiciste nada, te das cuenta de que podrías haberlo evitado. Te das cuenta de que la pasividad te dominó, tu mente quería liberarse pero tu cuerpo se mantenía inmóvil.

Hay momentos en los que te gustaría borrar una imagen o morir en el intento.

Hay momentos en los que te gustaría haberte ido.
Hay momentos en los que simplemente no estás.