LA QUINTA ESENCIA

El llanto de tu conciencia


La noche, tristeza, oscuridad...
Un llanto desesperado.

Lo escuchas, lo sientes... Es tu remordimiento.
Esa voz que a la que intentas ignorar, esa voz a la que intentas acallar... pero no puedes.
No puedes porque es superior a ti, porque es una parte de ti. Porque eres tú.


Gota a gota…
Gota a gota cae la lluvia. Gota a gota.
La sientes.
Tan fría, tan húmeda.



Ahora, confundido, solo y melancólico.
Ahora, ¿qué vas a hacer?

Se oyen gritos de desesperación.
Se oyen los gritos de tu alma...

La agonía se apodera de ti, sientes como te atrapa y te ahoga en un pozo de lodo oscuro, llamado conciencia. Y mientras te hundes, te arrepientes de todo; pero ya es demasiado tarde.

Debiste haberlo pensado antes...

Pero ya nada, NADA podrás hacer para evitarlo.


No te puedes contener... no lo puedes evitar.


Y ahora...
Por fin.
Por fin la liberación…



Ahora ya se ha evadido…
Ahora ya es inalcanzable…



Vamos, vive


¿Y qué más? ¿Qué más por sentir? ¿Qué más por vivir? ¿Qué más?
Todo.

Hoy terminas tus estudios, y mañana ya estás trabajando. Y al poco ya verás crecer tu familia. Y llegarás a la vejez... y cuando no te des cuenta ya te habrás muerto.
Y todo lo que no hayas hecho, ya no lo podrás hacer. Todo lo que no hayas vivido no lo podrás recuperar.


Venga; salta, corre, ríe, llora, corre, sueña, grita... pero no te quedes parado.
Ahora es el momento de actuar, no esperes más.
Sal a la calle, ¡vive! Porque hoy brilla el Sol, y puede que mañana no estés para verlo.
Que la vida son dos días y ya vamos por el segundo...


La carta


Escribo esto sin saber por qué.
Escribo esto aun sabiendo que cada lágrima que derrame va a quedar en el olvido, junto con mi ya olvidada alma.
Escribo esto acordándome de ti, acordándome de cada momento que pasamos juntos. Recordando cada segundo, amándolo y odiándolo al mismo tiempo.
Escribo esto lanzándole un puñal a mi alma con cada letra; ahogándome en mis recuerdos cada vez que escribo una palabra.
Escribo esto por escribir, y porque después de esto no escribiré nada.



Dejó la carta pulcramente escrita sobre la mesa.
Abrió la ventana. La luz de la Luna brillaba con su intenso fulgor azulado.
Sintió como se adormecía, como se iba relajando , como se liberaba del peso de la vida; y cada vez se sentía más ligera...

Mientras miraba al cielo nocturno, su cuerpo cayó de la ventana, en una breve pero intensa caída. Y mientras se precipitaba hacia el vacío, su alma ya volaba libre; como aquellos pájaros que tanto amaba...