LA QUINTA ESENCIA

Navidades, corruptas Navidades


La Navidad; esa época para juntarse con la familia, para cenar todos juntos, para sentir el calor del hogar...
Sí, amigos, la teoría es preciosa. La práctica es bien distinta...

Gastar, gastar y gastar.
Compremos cualquier tipo de regalo inútil, coompremos gilipolleces por doquier, hagamos gasto estúpido...
Sigamos la educación del Corte Inglés y las publicidades consumistas.


Claro que cuando eres pequeño lo ves todo tan grade, tan bonito, tan mágico... Tantas luces, las cabalgatas, la familia... El sueño de los Reyes Magos...

Pero una vez que creces te das cuenta de lo que es en realidad: Un gran mercado a escala mundial, donde las grandes empresas nos han hecho creer que es necesario comprar para pasar unas buenas navidades.

Navidades, corruptas Navidades. ¿Y el espíritu navideño? Aplastado por las empresas jugueteras, por los Ferrero Rocher y por todos los gordos cabrones disfrazados de Papá Noël.

Una gran venta donde se utiliza como moneda de cambio la ilusión de los niños.

Pero bueno, mientras se pongan unas cuantas estrellitas de luces de colores en las calles, todo está olvidado. Se pone uno su gorrito rojo y asunto arreglado.


Y mientras los de arriba contando el dinero.


En el Laberinto de la Vida


Los dos se introdujeron, sin saber cómo ni por qué, en aquel misterioso laberinto.
Entraron juntos y cogidos de la mano, pero al poco tiempo se encontraban solos en medio de muros y más muros sin lograr entender cómo se habían separado.

Una densa niebla cubría el lugar, amortiguando sus pasos e impidiéndoles ver más lejos de un palmo. Quizás por eso estaban a unos metros de distancia y no se dieron cuenta de la presencia del otro.

Se hallaban dentro del Laberinto de la Vida, un lugar místico en las profundidades de la misma existencia.
Habían accedido hasta el lugar más remoto de su mente para descubrirse a sí mismos, y para descubrir al otro.

En el Laberinto de la Vida, los recuerdos se entremezclaban con los pensamientos. Escenas trágicas, momentos alegres, pensamientos de odio, de amor...
Cada uno veía reflejado en los cristalinos muros del laberinto la totalidad de su conciencia. Y no sólo la suya, sino también la del otro.
Y poco a poco se fueron dando cuenta de todos los secretos que el otro les guardaba, y fueron vislumbrando la verdad...

Al cabo de un rato, era ya un abismo el que los separaba.
Finalmente, cada uno tomó un camino de salida. Dejaron atrás el Laberinto y dejaron atrás todos los recuerdos. Dejaron atrás su vida para sumergirse en un nuevo laberinto, lleno de nuevas sorpresas por descubrir y muchas más cosas que aprender.


La Ciudad


Caminaba apresuradamente por la antigua avenida del la vieja ciudad. Los magníficos edificios edificios contaban historias ya olvidadas por muchos, de las que ellos habían sido testigos directos.
A cada paso que daba, miraba en una dirección distinta, contemplando la belleza que despedía aquel entrañable lugar, camino de personajes pasados y futuros.

Las farolas despedían luces de una noche anunciada que iluminaban a los viandantes, con un tenue tono amarillento propio de las fotos antiguas.

Podía sentir los latidos de la ciudad, podía sentir como la vida fluía sobre ella.

La Ciudad era su amiga, era su confidente. Ella había visto toda su vida, desde su nacimiento hasta sus escapadas furtivas por la noche. Ella guardaba sus secretos fielmente en su memoria, su vieja memoria portadora de recuerdos tan antiguos que se perdían en la noche de los tiempos.

La Ciudad, escenario de sueños, de viajes, de ilusiones. De muertes, de amores, de mil aventuras... Teatro de la vida, sobre la que discurren miles de personajes, cada uno con una historia distinta pero con un fondo común.

La Ciudad, cuna del saber y la inteligencia. Poseedora de la más rica historia, de nuestros orígenes.

La Ciudad, templo de la vida...


Instrucciones para dar cuerda a un reloj


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.
Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.
Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes.
No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda a un reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Julio Cortázar

Duelo a la Muerte


Allí estaba... en un olvidado cajón del viejo desván.
Cubierta de polvo por el paso del tiempo, la vieja cajita que tantos recuerdos te traía.
Retiras el polvo y la abres con sumo cuidado, destapando al mismo tiempo los recuerdos de tu infancia, también cubiertos de polvo... de polvo del olvido.


Y allí estaba la preciosa baraja del tarot, herencia de tu abuela. Las cartas cuidadosamente ilustradas con esas imágenes, algo desteñidas por el paso del tiempo, con los bordes finamente troquelados que tanto te gustaban.
Vas pasando las cartas una a una: El Loco, La Torre, La Rueda de la Fortuna, El Mago... y llegas a la carta que tanto temías de pequeña... La Muerte.

La observas, la miras atentamente y notas como si ella te devolviera la mirada.
Te estremeces recordando como, de niña, soñabas con su fría mirada persiguiéndote; en una carrera incesante en la que ella siempre te ganaba.

Decides pasarla, la colocas al final de la baraja, y sigues mirando las demás.
Una vez más, te ha vencido. Su mirada ha podido contra la tuya. Al igual que en tus sueños infantiles.


Sin embargo, te lo piensas mejor. No, no puedes dejar que te gane otra vez. Ya no eres una niña, tienes que vencerla.
Así que la sacas y la llevas hasta la vieja chimenea. Y al cabo de unos pocos minutos ves como la carta prende, y el fuego la va consumiendo. Y la miras triunfante, porque por primera vez le has ganado, y esta vez es para siempre.

Para siempre, o eso creías.

Porque desde entonces, todas las noches ella venía a visitarte en sueños, para quemarte en la hoguera una y otra vez; para dejarte claro que tú nunca podrás vencerla.



Otra vez...


Otra vez...
La recuerdas... recuerdas cómo le mirabas, como siempre estabas pensado en ella, y cómo ni siquiera te atrevías a hablarle.
Recuerdas que fuiste tan cobarde que ni te despediste de ella, y aún te arrepientes de ello.


Y lloras. Lloras amargamente la pérdida de aquella persona, seguramente la única a la que amaste. Lloras porque no la volviste a ver, porque no le pudiste decir todo aquello que te habías callado.
Se te amontonan las cosas que decirle cada vez que piensas en ella, pero ahogas tus palabras ya que sabes que nunca le podrás decir nada.


El recuerdo te martillea, y penetra en lo profundo de tu ser, para provocarte una melancolía infinita.
"Nunca la debiste dejar pasar", te dices; ahora que ya no puedes hacer nada.

Y día tras día; ella te atormenta con su ausencia, arrancándote un pedazo de alma a cada vez.


Otoño.


Otoño, esa estación.
Esa estación de cielos de color gris, de melancolía.
Otoño... tedio, tardes mirando por la ventana como cae la lluvia...
Otoño... tristeza, amores olvidados, amistades perdidas...
Lágrimas que acaban en un charco sucio bajo la lluvia, condenadas a la indiferencia, a los malos recuerdos...

Otoño... espejo de mi alma en los días grises. Reflejo de mis sentimientos cuando pienso en ti... cuando la tristeza me inunda...


Al igual que los árbloes pierden las hojas secas y muertas, quedándose desnudos; mi alma se rompe en fragmentos corruptos, que se deshacen en la nada del espíritu y dejan vacía mi alma... convirtiéndome en un fantasma en vida.

Llueve. El cielo gris cubre mi mundo.


Otoño.


Día de la Paz


21 de Septiembre: Día Internacional de la Paz.


¿Día de la Paz? Por favor. Sí, suena muy bonito así dicho; pero... ¿cómo pretendéis crear un día de la Paz en este mundo?
En un mundo de guerras, donde las potencias mundiales luchan con cualquier arma que tengan en su disposición para destruir a las demás y convertirse en la única.
En un mundo donde los rencores entre países están latentes, donde los celos de uno a otro pueden acabar en destrucciones masivas... En un mundo así no puede haber un Día de la Paz.

Pero no sólo a nivel mundial... a nivel personal. Rencillas, envidias, prejuicios, odio... la humanidad está corrompida.
La avaricia y el ansia de poder van delante de valores tan básicos como el respeto y el compañerismo. Derechos como la libertad y la igualdad se olvidan cuando hay dinero de por medio.


El día en el que la personas se valoren por lo que son y no por lo que tienen, el día en que se acaben las guerras, el día en que se abandonen los celos, la codicia, el odio y la lucha por el poder... cuando ese día llegue, podrá llamarse Día de la Paz.




¡Un año al fin!


Hay que ver como pasa el tiempo...
Hace un año estrenaba este blog, y aún no me creo que haya pasado tanto tiempo desde entonces.

Estoy feliz de que este blog por fin cumpla un año, porque es como mi pequeño rincón para expresarme.
Durante un año he compartido aquí mis pensamientos, mis sentimientos, mis textos...
Y espero hacerlo durante muchos años más.
Así que después de esto, a por el segundo.

Y sobre todo, muchas gracias a los que me leen y a los que comentan, porque gracias a ellos este blog está vivo. Espero que sigáis leyéndome.

Hasta la próxima.


Cristales del alma


La noche se cierne con su manto de soledad.
Avanzas pisando el mismo asfalto de todas las noches; frío, sucio... muerto.
Tu rostro no muestra expresión alguna; serio y sombrío, igual que la triste ciudad.

Avanzas por la calle hasta que divisas un charco de vidrios rotos. Pero no te detienes ni cambias de rumbo. Sigues, imperturbable, como la fría noche.
Y cuando te aproximas, descalzas tus pies y continuas. Avanzas hasta que tus pies desnudos pisan los fragmentos helados, y te detienes.

Poco a poco el cristal va cortando la piel y penetrando en el cuerpo, cortando las venas y extendiendo su frío mortecino. Aun así no expresas alteración alguna.
Y mientras el charco de sangre se extiende bajo tus pies, sonríes. Sonríes mientras dos lágrimas atraviesan tu rostro. Tu sonrisa se mezcla con el llanto, en un gesto grotesco que evoca tu vida pasada.

Y como si los cristales recorrieran tu cuerpo, tu alma se fragmenta en pedazos, mientras tu cuerpo cae muerto al frío asfalto de la triste ciudad.
Y tan sólo la melancólica luz de una farola solitaria contempla la escena; amparando con su llanto de luz tu cuerpo, ya carente de humanidad.


Vagando...


Vas recorriendo las calles de la gigantesca ciudad, una por una, recreándote al verlas.
Observas el bullicio de la vida que llena las calles, un torrente sin fin de personas y personas que no cesa, que no duerme; que sigue día y noche.
Observas la inmensa masa de gente, cada uno pensando en sus quehaceres, sin pararse a mirar la preciosa ciudad, sin contemplar lo que tienen delante.

Únicamente hablan con quien deben hablar, únicamente paran donde deben parar, únicamente hacen lo que deben de hacer.
Sin mente sin conciencia... sólo cumpliendo su función.
Actuando como ejes del gran mecanismo de una sociedad inerte.

Sin embargo tú... tú eres distinta, tú no eres un simple componente del sistema.

Tú eres un espíritu libre, una vagabunda de la existencia, una caminante del tiempo...
Vas vagando, observando lugares, alimentándote de ellos, aprendiendo; conociendo a personas de todos los lugares, de todas las razas, de todas las clases, de todas las edades...
Contemplas como las personas nacen y mueren, como los edificios se crean y se destruyen, como las personas cambian, como el mundo va creciendo...

Vagas; sin patria, sin destino, sin ruta... únicamente a vivir y a seguir con tu eterno viaje.


Búsqueda


Buscas ansiosamente aquello que has perdido; sin saber ciertamente si lo que buscas es el auténtico sentido de tu vida.

Corres, arrasas con lo que encuentras a tu paso, destruyes lo que no te interesa, con el único objetivo de encontrar lo que buscas, o al menos esa es tu excusa para dejar toda tu vida tirada de cualquier manera; sabiendo que aunque te refugies en tu fuero interno, afuera se encuentra la cruda realidad.

El cansancio te invade, sientes sueño, hambre, tedio, angustia, mareo...
Sientes el cuerpo dolorido, sabes que ya no puedes más; pero continúas... porque ya lo único que te queda en esta vida es continuar con esta búsqueda, que sabes que resultará completamente infructífera, por mucho que te esfuerces en negarlo.

Y cuando finalmente ves que no queda nada, que todo aquello que pudiera quedar lo has destruido a tu paso; y que aquello que buscabas no era más que tu vida, una vida perdida en el intento de encontrarte.

Y una vez que has perdido cualquier rastro de la esperanza que te quedaba, una vez que has visto que toda tu vida ha terminado en vano; el cansancio acumulado te vence, ya sin oponer resistencia, y expulsas tu último hálito de vida sabiendo que ya no merecía la pena seguir.


Eres la vida


Lentamente te giras hasta dar una vuelta; tardando porque en el fondo no quieres volverte.
En el fondo quieres eludir la realidad, hacer como si nada hubiera pasado; dar la espalda al mundo.
Pero eso no puede ser. No puede ser, y tú lo sabes.

Ya te has vuelto. Y el mundo sigue ahí, como siempre. Inmóvil pero a la vez tan lleno de vida.
Poco a poco te das cuenta de que siempre puedes volver a empezar. Siempre puedes partir de cero, vivir una nueva vida. Porque nunca es tarde para un nuevo comienzo.

Y así, feliz como si hubieras nacido de nuevo, avanzas. Avanzas hacia una nueva vida, una vida llena de posibilidades.
Y sientes como la vida te invade. Sientes al mundo, y eres parte de él. Eres uno con el mundo. Eres eterno, y a la vez efímero. Eres la vida y la muerte. Eres el principio y el final.

Pero sobre todo, eres feliz, infinitamente feliz...


Silencio


Has aguantado durante mucho, muchísimo tiempo.
Has soportado tu tortura refugiándote en el silencio, llorando tus penas contra la pared; porque la soledad era tu única compañera.
Has sentido cómo tu vida ya se había marchitado, y no eras más que una muerta en vida.
Has sufrido, sin plantearte ni siquiera por qué, sin pedir una explicación; conformándote con tu destino.
Has bajado la cabeza y has dejado que te arrancaran el alma a pedazos, y que tu concienca quedara llorando sangre.
Has callado, porque pensabas que eso era lo que tenías que hacer; porque debías obedecer por encima de tus pensamientos.


Has aguantado durante mucho, muchísimo tiempo.
Ahora ya eres anciana, y tus viejos huesos apenas aguantan tu dolorido cuerpo.
Tus expresión arrugada por la amargura representa a toda una vida sufrida, una vida que poco le queda ya.
Sabes que la muerte acecha; pero no le temes, no te importa. La muerte no te asusta, porque estás segura que no puede ser peor de lo que has vivido.
Así con esos pensamientos te acuestas en tu vieja cama; y tu corazón, prácticamente haciéndote un favor, deja de latir.

Y así, en silencio, te vas del mundo. En silencio te vas como en silencio llegaste, y como en silencio viviste.

Silencio.



Sobre la perfección


"Existencia Perfecta", ¿eh?.
La perfección no existe en este mundo, puede que suene típico, pero es la verdad. Obviamente, siempre habrán idiotas que ansiarán la perfección y tratarán de conseguirla...
Aún así, ¿qué significado hay en la perfección? Ninguno, además de que... la perfección me desagrada. Después de la perfección no hay nada superior. No hay espacio para la creación, lo que significa que tampoco lo hay para la sabiduría o el talento. ¿Ahora lo entiendes?
La perfección es "desesperante". Incluso cuando algo creado sea superior a todo lo demás existente, seguirá estando muy lejos de la perfección.
Debemos luchar constantemente contra esta paradoja; y más aún, debemos poder ser capaces de encontrar el placer en ello.

Bleach.


Me conformo con soñarte...


Si los sueños fueran realidad...
Entonces no haría falta que te soñase. No haría falta esperar a los sueños para poder estar juntos...
Pero claro, no son realidad...
Y entonces tengo que esperar a la noche y a sus sueños. Y dependo de la incertidumbre de si soñaré o no soñaré contigo...

De todas formas, me conformo con soñarte. Me conformo con verte alguna noche. Me conformo con sentirte aunque seas irreal.
Me conformo con hablar contigo un rato, aunque en realidad esté hablando solo. Me conformo con mirarte a los ojos, con perderme en tu mirada... Y sentir que, aunque seas una imaginación, aunque no seas real... que me lo pareces...

Al final, todo son sólo sueños... Sólo imaginaciones, y nada más.
Sueños...
Pero creo que me gusta así. Creo que me gusta tener un rincón apartado, un rincón de sueños... Para volar libremente, para poder sentirme feliz, para ser yo, alejado del mundo... Pero sobre todo para verte...


Ella


Ella estaba allí, en el amplio portal. En el amplio portal en el que había quedado con él hacía ya dos horas pasadas.
Pero por orgullo o por lástima, allí seguía. Allí seguía, aun sabiendo perfectamente que él no iba a venir.
Estuvo a punto de llorar, pero se contuvo. Se contuvo por vergüenza de que la gente no la mirara como una idiota. Idiota, así se sentía.
No sabía como había podido llegar hasta ese extremo, no sabía como había podido ser tan estúpida.

Y mientras se compadecía de sí misma, el teléfono sonó. El teléfono sonó; miró la pantalla, y era él. Era él, el mismo que la había dejado plantada hacía más de dos horas.
Dudó si cogerlo o no. No; eso era lo que debía hacer si quería conservar su dignidad.
Su dignidad... pero qué dignidad; habiendo llegado hasta ese punto.
Fue débil, y ya iba a descolgarlo cuando dejó de sonar. Dejó de sonar, eso era lo que tenía que pasar, estaba claro.

Sabía que era hora de irse. Irse, olvidarse de él y rehacer su vida.
Apagó el móvil y se fue. Y se fue con la certeza de que ya no le volvería a pasar, porque a partir de ahora iba a ser mucho más fuerte.


El llanto de tu conciencia


La noche, tristeza, oscuridad...
Un llanto desesperado.

Lo escuchas, lo sientes... Es tu remordimiento.
Esa voz que a la que intentas ignorar, esa voz a la que intentas acallar... pero no puedes.
No puedes porque es superior a ti, porque es una parte de ti. Porque eres tú.


Gota a gota…
Gota a gota cae la lluvia. Gota a gota.
La sientes.
Tan fría, tan húmeda.



Ahora, confundido, solo y melancólico.
Ahora, ¿qué vas a hacer?

Se oyen gritos de desesperación.
Se oyen los gritos de tu alma...

La agonía se apodera de ti, sientes como te atrapa y te ahoga en un pozo de lodo oscuro, llamado conciencia. Y mientras te hundes, te arrepientes de todo; pero ya es demasiado tarde.

Debiste haberlo pensado antes...

Pero ya nada, NADA podrás hacer para evitarlo.


No te puedes contener... no lo puedes evitar.


Y ahora...
Por fin.
Por fin la liberación…



Ahora ya se ha evadido…
Ahora ya es inalcanzable…



Vamos, vive


¿Y qué más? ¿Qué más por sentir? ¿Qué más por vivir? ¿Qué más?
Todo.

Hoy terminas tus estudios, y mañana ya estás trabajando. Y al poco ya verás crecer tu familia. Y llegarás a la vejez... y cuando no te des cuenta ya te habrás muerto.
Y todo lo que no hayas hecho, ya no lo podrás hacer. Todo lo que no hayas vivido no lo podrás recuperar.


Venga; salta, corre, ríe, llora, corre, sueña, grita... pero no te quedes parado.
Ahora es el momento de actuar, no esperes más.
Sal a la calle, ¡vive! Porque hoy brilla el Sol, y puede que mañana no estés para verlo.
Que la vida son dos días y ya vamos por el segundo...


La carta


Escribo esto sin saber por qué.
Escribo esto aun sabiendo que cada lágrima que derrame va a quedar en el olvido, junto con mi ya olvidada alma.
Escribo esto acordándome de ti, acordándome de cada momento que pasamos juntos. Recordando cada segundo, amándolo y odiándolo al mismo tiempo.
Escribo esto lanzándole un puñal a mi alma con cada letra; ahogándome en mis recuerdos cada vez que escribo una palabra.
Escribo esto por escribir, y porque después de esto no escribiré nada.



Dejó la carta pulcramente escrita sobre la mesa.
Abrió la ventana. La luz de la Luna brillaba con su intenso fulgor azulado.
Sintió como se adormecía, como se iba relajando , como se liberaba del peso de la vida; y cada vez se sentía más ligera...

Mientras miraba al cielo nocturno, su cuerpo cayó de la ventana, en una breve pero intensa caída. Y mientras se precipitaba hacia el vacío, su alma ya volaba libre; como aquellos pájaros que tanto amaba...



Bajo la noche...


Fue un grito dentro de su ser.

La necesidad imperiosa de sentirse libre la había llevado a hacerlo.

Ahora era tarde para arrepentirse. Ahora era tarde para volver atrás.
Y cuando ya no se podía hacer nada, llegó el miedo.
No. No. No.
El remordimiento corrompía su delicada conciencia en una deseperante agonía.

Atormentada por el acto, comenzó a correr. Comenzó a correr dejando atrás sus recuerdos, una vida sepultada bajo el manto del sufrimiento.

La sangre que dejaba tras de sí y las lágrimas que recorrían su pálido rostro eran sus únicas compañeras.


La noche cubría de oscuridad el cielo.
Tan sólo la luz de la Luna iluminaba la escena.
En su cara se podía ver la expresión de la desesperación.


Y cuando ya no pudo más, tomó la última decisión de su vida.

Ahora si que no había vuelta atrás.
Pero ahora ya no le importaba. No le importaba dejar atrás su vida; ahora por fin se sentía libre.

Un poco más calmada, inspiró con fuerza el húmedo aire del entorno, el aire que sería expulsado como su último aliento; y su alma salió del cuerpo y recorrió con la mirada el inmenso cielo, rozando las estrellas; en los pocos segundos que su cuerpo tardó en desplomarse.

Hay momentos...


Hay momentos en los que te sientes triste. Desolado. Abandonado.
Hay momentos en los que te gustaría desaparecer, en los que te gustaría perderte en el tiempo.

Hay momentos en los que recuerdas lo que sucedió. Entonces te acuerdas de que todo ya ha pasado... Te das cuenta de que no hiciste nada, te das cuenta de que podrías haberlo evitado. Te das cuenta de que la pasividad te dominó, tu mente quería liberarse pero tu cuerpo se mantenía inmóvil.

Hay momentos en los que te gustaría borrar una imagen o morir en el intento.

Hay momentos en los que te gustaría haberte ido.
Hay momentos en los que simplemente no estás.


Recuerdos


Los recuerdos. Los recuerdos eran los que la atormentaban.
Oscuras imágenes venían a su cabeza cada vez que rememoraba escenas de su vida pasada.

El día en el que lo dejó todo le parecía que podría ser libre al fin, pero ahora se sentía más reprimida que nunca.

Atemorizada por lo que pudiera pasar, sepultó su antiguo yo bajo una fachada de silencio.
Nunca más se le vio sonreír, nunca volvió a estar feliz. Lo único que le quedaba era llorar. Llorar porque nunca volvería a ser ella misma, porque su auténtica personalidad enterrada se estaba pudriendo en su interior y estaba desapareciendo lentamente.

Llorar. Llorar.
Sus ojos estaban cansados de tantas lágrimas, su cara estaba marcada por el llanto.

El temor podía con su frágil personalidad, haciéndola cada vez más débil.
Ya no era más que una pobre desgraciada atormentada por su triste pasado.
Un pasado que volvía cada noche, sin descanso, a visitarla para recordar todo aquello que nunca podría olvidar.


Confusión


El tiempo comienza a girar mientras te sientes desorientado.
Los pensamientos desordenados aparecen y desaparecen rompiendo los compases.
Y tú mientras te sientes cada vez más y más distante...


Las teclas de un piano olvidado suenan por melancolía...

Escalones infinitos se suceden en espiral en un sinfín de sentimientos entrelazados...

Un autómata abandonado sigue con sus mecánicos movimientos eternamente...


Mientras tú sigues recordando el momento que ya pasó, la sensación ya sentida, el sueño ya soñado... Y cuando lo recuerdas vuelves a vivirlo, continuamente, eternamente...
En un ciclo sin final.


Sobre la vida


Algunos dicen que la vida es un péndulo que oscila en función de un eje o punto cero.
A veces hay más cosas buenas que malas y viceversa; sin embargo, este punto de vista es incorrecto. Para experimentar una cantidad correcta de felicidad debes experimentar la misma cantidad de tristeza como pago. Por eso se dice que hay que aguantar lo malo para poder disfrutar lo bueno.
Cuando se dice que tras una mala racha hay una buena no es un decir. En otras palabras, si quieres ir a la cima de una colina para ver un paisaje desde lo más alto, primero tendrás que pasar por un valle profundo. Si no fuera así no sería justo.
Por el contrario, si estás destinado a descender por un camino de tristeza, para salir de él deberías realizar un esfuerzo equivalente a esa tristeza.



xxxHolic.

Sin la tristeza, la palabra felicidad no tendría sentido.


Cuando el mundo te dice algo y tu quieres creer lo contrario


Estoy bastante confundido.
Entre lo que quiero, lo que creo querer, y sobre todo, lo que quiero querer.

Me doy cuenta de que en este mundo hay mucha falsedad.
Se me rompen los mitos cuando veo la verdad. El mundo me da una patada en el culo y me estampa de repente contra un pestilente charco de realidad. De asquerosa realidad.

Creer es dar tiempo al tiempo. Algo que yo no puedo hacer.
Y mientras la impaciencia me va venciendo...


*
Además, ya he visto que nadie visita el blog; así que por favor, si alguien entra, que comente.


Corrió


Y corrió. Corrió como nunca antes.
Corrió sin pensar, tan rápido como le permitían sus piernas, agotadas por el peso de las experiencias pasadas, corrió como el viento, y entre sus pies se entremezclaban el agua, la tierra, el aire, las gotas de sudor...
Sólo oía el latido de su corazón, rápido, acelerado y descompasado debido al esfuerzo, el sonido irregular de su respiración, el viento silbando en sus oídos, el pelo mecido pro el viento azotando su cara, el crujido de la hierba al doblarse bajo sus pies desnudos, libres de toda atadura.

Corrió para escapar de su rutina, sus pensamientos, de su pequeño pero aun así infinito infierno personal, donde la realidad y la ficción se entremezclaban y no se sabía el límite.
Corrió para dejar atrás todo aquello que odiaba y amaba, corrió para salvar su alma de todo aquello que la corrompía. Corrió, y en su carrera dejó atrás campos, ríos y mares, montañas y valles, llanuras y desiertos. Corrió, corrió sin parar, sin nostalgia por todo aquello que abandonaba y sin la menor angustia del qué dirán o del qué haré.

Solo corrió, y por fin, y pro primera vez en su triste y agitada vida, alcanzó la libertad absoluta, desechando de todos sus pensamientos y rozando con los dedos las nubes, el cielo y finalmente, las estrellas.
Y entonces, y sólo entonces, detuvo su carrera, y con ella los latidos de su corazón.


******
Muchas gracias a Olga, por dejarme su texto.


Un trozo de tiempo


Hoy recogí una hoja sucia,
inútil, triste;
la hoja rota de un calendario.
Un arrugado papel,
un trozo de tiempo
arrancado de mi historia.
En esa hoja yacía mi hoy de ayer,
mi ex-yo, mi nunca más.


Allí estaban los no puedo
los no quiero y los quizás,
mezclados con mis esfuerzos,
frustraciones y silencios.

Allí estaban apiñados,
junto a lunas y signos de colores,
miles de planes y sueños
que hoy son dos o tres recuerdos.

Guardé esa hoja pensando
devolverla al calendario,
pero en mi hoy de mañana
no hay espacio ni tiempo
ni deseos de acoger un ayer
que he recogido del suelo.


Anónimo.

Regreso


Hola de nuevo a todos.

Después de un tiempo de inactividad, regreso.
Empieza la nueva temporada de La Quinta Essencia.

Primero, os agradezco a todos los que me habéis comentado [^^].

Sigue sin haber absolutamente nada que destacar (triste, lo sé).


Tampoco es plan de aburriros así que me despido.
Hasta la próxima.


A vivir


Cuando en una gélida mañana veo el amanecer...
Cuando veo como el Sol se alza entre la penumbra e ilumina el mundo...

Entonces, me doy cuenta de que merece la pena vivir...
Me doy cuenta de que merece la pena luchar, aunque pueda perder.
Merece la pena reír aunque puedas llorar.
Merece la pena disfrutar aunque puedas sufrir.
Merece la pena arriesgarse aunque puedas perder la vida.

Porque vida sólo hay una, y hay que aprovecharla segundo a segundo.


Sin inspiración


Pues, no es que esté en el momento más inspirado para escribir entradas; además de que no puedo atender mucho el blog.
Y sigue sin ocurrir nada destacable.

Lo único que resaltaré será mi visita al cine. [^^]

El intercambio
Una película preciosa.
Historia real sucedida en los años 20 en Los Ángeles. Allí, a una mujer le entregan un hijo que no es el suyo después de que desapareciera. Intenta demostrar que aquél no es su hijo; pero en esa época las mujeres contra la polícia poco podían hacer.

Os dejo el vídeo, pero contiene espoilers.




Y sin nada más que contar, me despido hasta la próxima. No sin antes recomendaros la película por supuesto.


El momento de los sueños...


Siempre pienso en aquel instante, en ese recuerdo...
Como el Sol iluminando en la cúspide, un sentimiento de esperanza; mezclado con la eternidad y la inmensidad del alma.
Tú y yo eternamente; sintiendo que el tiempo no corría, que la voz resonaba en un ambiente soñado, en un paisaje nunca visitado; en un lugar inmenso y a la vez inalcanzable, únicamente visitado por nosotros, un sueño...
Infinito...
El tiempo del sueño...

Me haces sentir en una armonía inexpresable, en un sentimiento de bienestar; cada vez que recuerdo ese instante...
Aunque no lo sepas... gracias...


Al mar...


Y desapareció etéreamente. Y cuando ya no quedaba nada más que la transparente brisa, comenzó a sentir que quería escapar. No lo dudó, y al momento ya se vio corriendo en dirección al mar. A su tan amado mar. Mentras los recuerdos lo balanceaban, ya le quedaba muy poco para llegar a su destino.

El agua ya le rozaba el cuerpo, y la sensación de libertad iba aumentando por momentos. Sentía como la felicidad le embargaba el cuerpo. Y en medio de su sueño; comenzó a sobrevolar el océano, sintiéndose en armonía con el agua y el cielo; sintiéndose el aire que los unía y a la vez los dividía.

...Siguió feliz eternamente...


Feliz año nuevo a todos




¡ADIÓS 2008!

Os deseo un feliz año nuevo a todos.
Espero que lo paseis muy bien.
Hasta la próxima.