LA QUINTA ESENCIA

El autómata


Y el autómata seguía con su mecánica función.
Día tras día, hora tras hora, minuto a minuto y segundo a segundo.
En ningún momento se detuvo, en ningún momento su mente tomó el control de su frío cuerpo y pudo decidir sobre sus actos.

Siguió con la mirada perdida, girando su tétrico e inexpresivo rostro, el cual no era más que una máscara.
Siguió extendiendo su esquelético brazo de metal, siguió moviendo sus cadavéricos dedos artificiales.
Siguió, y siguió.

Pero un día, para su sorpresa, se detuvo.
La suntuosa llave que le daba cuerda se paró en seco.
Y el autómata pudo, por unos momentos, retomar la conciencia.
Sus ojos grises recuperaron su color, y pudieron observar el el mundo que le rodeaba.
Vio la luz del cielo a través de la pequeña ventana de su reducido y oscuro cuarto.

Se sintió libre y quiso salir...
Pero algo destrozó todas sus esperanzas.
Un anciano se acercó, y girando varias veces la llave antes detenida, volvió a dar cuerda al autómata que contemplaba impotente.


El triste hombre mecánico apenas tuvo tiempo de lamentarse.
Y sin poder evitarlo, su conciencia se evadió, dejando su cuerpo inerte de nuevo, a merced de los movimientos incontrolados.
La inexpresividad volvió al autómata para el resto del tiempo...

Y su alma quedó encerrada entre los fríos mecanismos, perdida por siempre jamás.

Hay que aprender a olvidar


Hace una semana que te fuiste
y te busco, y no te encuentro.
Hace una semana, y aún no has vuelto
y mi corazón se ha cansado de esperarte.

Hace una semana que no estás
—una semana que para mí es un mundo—.
Y sólo me queda el recuerdo, el amargo recuerdo
de lo que un día fue y ya no es.

Hace una semana, quién lo diría.
Las cosas han cambiado tanto
que creo que ni el mundo es ya el mismo.
Entonces pensaba que esto sería eterno, y mira...

Hay que aprender a olvidar al ser amado.
Al que se marcha, al que te deja.
Hay que aprender a olvidar, pero es difícil.
Porque tu recuerdo me persigue como si de mi sombra se tratase.

Me acuerdo de ti cuando estoy solo
—cuando están las luces apagadas y reina el silencio—.
Acuden a mi mente momentos inolvidables, y el tiempo se congela.
Y por unos instantes parece que vuelvo al pasado.

A veces creo que pasas a mi lado.
A veces creo que al volver a casa estarás allí esperándome.
A veces creo que todo esto no es más que una pesadilla.
A veces creo que te olvido... no es cierto.