LA QUINTA ESENCIA

Navidades, corruptas Navidades


La Navidad; esa época para juntarse con la familia, para cenar todos juntos, para sentir el calor del hogar...
Sí, amigos, la teoría es preciosa. La práctica es bien distinta...

Gastar, gastar y gastar.
Compremos cualquier tipo de regalo inútil, coompremos gilipolleces por doquier, hagamos gasto estúpido...
Sigamos la educación del Corte Inglés y las publicidades consumistas.


Claro que cuando eres pequeño lo ves todo tan grade, tan bonito, tan mágico... Tantas luces, las cabalgatas, la familia... El sueño de los Reyes Magos...

Pero una vez que creces te das cuenta de lo que es en realidad: Un gran mercado a escala mundial, donde las grandes empresas nos han hecho creer que es necesario comprar para pasar unas buenas navidades.

Navidades, corruptas Navidades. ¿Y el espíritu navideño? Aplastado por las empresas jugueteras, por los Ferrero Rocher y por todos los gordos cabrones disfrazados de Papá Noël.

Una gran venta donde se utiliza como moneda de cambio la ilusión de los niños.

Pero bueno, mientras se pongan unas cuantas estrellitas de luces de colores en las calles, todo está olvidado. Se pone uno su gorrito rojo y asunto arreglado.


Y mientras los de arriba contando el dinero.


En el Laberinto de la Vida


Los dos se introdujeron, sin saber cómo ni por qué, en aquel misterioso laberinto.
Entraron juntos y cogidos de la mano, pero al poco tiempo se encontraban solos en medio de muros y más muros sin lograr entender cómo se habían separado.

Una densa niebla cubría el lugar, amortiguando sus pasos e impidiéndoles ver más lejos de un palmo. Quizás por eso estaban a unos metros de distancia y no se dieron cuenta de la presencia del otro.

Se hallaban dentro del Laberinto de la Vida, un lugar místico en las profundidades de la misma existencia.
Habían accedido hasta el lugar más remoto de su mente para descubrirse a sí mismos, y para descubrir al otro.

En el Laberinto de la Vida, los recuerdos se entremezclaban con los pensamientos. Escenas trágicas, momentos alegres, pensamientos de odio, de amor...
Cada uno veía reflejado en los cristalinos muros del laberinto la totalidad de su conciencia. Y no sólo la suya, sino también la del otro.
Y poco a poco se fueron dando cuenta de todos los secretos que el otro les guardaba, y fueron vislumbrando la verdad...

Al cabo de un rato, era ya un abismo el que los separaba.
Finalmente, cada uno tomó un camino de salida. Dejaron atrás el Laberinto y dejaron atrás todos los recuerdos. Dejaron atrás su vida para sumergirse en un nuevo laberinto, lleno de nuevas sorpresas por descubrir y muchas más cosas que aprender.


La Ciudad


Caminaba apresuradamente por la antigua avenida del la vieja ciudad. Los magníficos edificios edificios contaban historias ya olvidadas por muchos, de las que ellos habían sido testigos directos.
A cada paso que daba, miraba en una dirección distinta, contemplando la belleza que despedía aquel entrañable lugar, camino de personajes pasados y futuros.

Las farolas despedían luces de una noche anunciada que iluminaban a los viandantes, con un tenue tono amarillento propio de las fotos antiguas.

Podía sentir los latidos de la ciudad, podía sentir como la vida fluía sobre ella.

La Ciudad era su amiga, era su confidente. Ella había visto toda su vida, desde su nacimiento hasta sus escapadas furtivas por la noche. Ella guardaba sus secretos fielmente en su memoria, su vieja memoria portadora de recuerdos tan antiguos que se perdían en la noche de los tiempos.

La Ciudad, escenario de sueños, de viajes, de ilusiones. De muertes, de amores, de mil aventuras... Teatro de la vida, sobre la que discurren miles de personajes, cada uno con una historia distinta pero con un fondo común.

La Ciudad, cuna del saber y la inteligencia. Poseedora de la más rica historia, de nuestros orígenes.

La Ciudad, templo de la vida...