LA QUINTA ESENCIA

Cronología de un viaje a lo gris


Los minutos van pasando y los kilómetros se van sucediendo. Surcando la monótona carretera, extensa brecha grisácea abierta sobre la naturaleza, el la cárcel móvil a la que llaman autobús continúa con su cometido entre altas farolas y líneas discontinuas.

La noche va extendiendo su manto sobre el cielo gris tiñéndolo de oscuro. El frío filtrado por la ventana penetra hasta mis entrañas provocando que me encoja impulsivamente.

Falta poco para llegar. Atravesamos una zona industrial. Los almacenes de hormigón gris se amontonan en un monótono paisaje de capitalismo decadente. La escena me hace evocar la típica imagen de los ejecutivos trajeados de gris transitando rápidamente por la calles de una Nueva York consumista, fría y vacía.
Anuncios de calidad pésima compiten entre sí desde sus oxidados paneles publicitarios. Luces de neón intentan con poco éxito llamar la atención de los compradores. Una prostituta espera sola en una esquina con gesto melancólico.

Ya superado el cúmulo de bloques grisáceos, entramos en la ciudad. Pasamos sobre el cauce seco del río Turia, que nos mira desde abajo con gesto triste.
Un cartel luminoso nos recibe advirtiéndonos que debemos reducir la velocidad.
El paisaje se perfila como un sinfín de edificios aparentemente iguales, salpicados de semáforos cuyas luces bailan al compás de los claxones.
El autobús va penetrando en el entramado urbano hasta llegar a su destino. El mosaico de luces amarillentas se armoniza, haciendo especial la noche valenciana.

Son las ocho de la noche.
Mi tiempo sobre las calles se reduce a minutos, ya que al poco desciendo al subsuelo para subir al metro. El gusano mecánico me recoge y me transporta, durante un relajante viaje sobre las vías férreas, de nuevo fuera de la ciudad.

Línea 1. Destinació Llíria.

Nocturnidad del 18 de Septiembre


Melodías de un concierto suenan a lo lejos en la noche ferial de aquel pueblo disfrazado de ciudad.

Fantasías creadas a partir de visitantes pasajeros que desfilan ante los ilusos jóvenes que con alegrías renovadas siguen a los ya idolatrados personajes, más habitantes en el mundo de la ilusión que en el de la realidad. Y entre risas y escondites espontáneos van construyendo historia sobre historia donde no hay apenas cimientos.
Pero las imaginaciones son una arma de doble filo, que acaban por reflejar en su cuchillo de espejo la cruda realidad.

Pasadas las horas; ida ella, ido él; nocturnidad decadente en la casa de ánimas fugadas.
Cena rápida y solitaria, en el refugio de los pensamientos.


Por la noche volvió a soñar con ella.
Con sus ojos verdes...

Cumpliendo dos años...





Hoy se cumplen dos años desde que empecé este blog.
En este tiempo han ocurrido muchas cosas y ha sido una época de muchos cambios, pero siempre he tenido mi pequeño refugio virtual en el que poder escribir y compartir mi arte con vosotros.

Muchas gracias a todos los que me leéis, a todos los que comentáis, a mis seguidores y en definitiva a todos los que contribuís a que esto tenga sentido y a darle vida a este humilde espacio.
Espero pasar muchos años más escribiendo y leyendo en la blogosfera junto a vosotros.

Gracias.
Un saludo y hasta la próxima.

El autómata


Y el autómata seguía con su mecánica función.
Día tras día, hora tras hora, minuto a minuto y segundo a segundo.
En ningún momento se detuvo, en ningún momento su mente tomó el control de su frío cuerpo y pudo decidir sobre sus actos.

Siguió con la mirada perdida, girando su tétrico e inexpresivo rostro, el cual no era más que una máscara.
Siguió extendiendo su esquelético brazo de metal, siguió moviendo sus cadavéricos dedos artificiales.
Siguió, y siguió.

Pero un día, para su sorpresa, se detuvo.
La suntuosa llave que le daba cuerda se paró en seco.
Y el autómata pudo, por unos momentos, retomar la conciencia.
Sus ojos grises recuperaron su color, y pudieron observar el el mundo que le rodeaba.
Vio la luz del cielo a través de la pequeña ventana de su reducido y oscuro cuarto.

Se sintió libre y quiso salir...
Pero algo destrozó todas sus esperanzas.
Un anciano se acercó, y girando varias veces la llave antes detenida, volvió a dar cuerda al autómata que contemplaba impotente.


El triste hombre mecánico apenas tuvo tiempo de lamentarse.
Y sin poder evitarlo, su conciencia se evadió, dejando su cuerpo inerte de nuevo, a merced de los movimientos incontrolados.
La inexpresividad volvió al autómata para el resto del tiempo...

Y su alma quedó encerrada entre los fríos mecanismos, perdida por siempre jamás.

Hay que aprender a olvidar


Hace una semana que te fuiste
y te busco, y no te encuentro.
Hace una semana, y aún no has vuelto
y mi corazón se ha cansado de esperarte.

Hace una semana que no estás
—una semana que para mí es un mundo—.
Y sólo me queda el recuerdo, el amargo recuerdo
de lo que un día fue y ya no es.

Hace una semana, quién lo diría.
Las cosas han cambiado tanto
que creo que ni el mundo es ya el mismo.
Entonces pensaba que esto sería eterno, y mira...

Hay que aprender a olvidar al ser amado.
Al que se marcha, al que te deja.
Hay que aprender a olvidar, pero es difícil.
Porque tu recuerdo me persigue como si de mi sombra se tratase.

Me acuerdo de ti cuando estoy solo
—cuando están las luces apagadas y reina el silencio—.
Acuden a mi mente momentos inolvidables, y el tiempo se congela.
Y por unos instantes parece que vuelvo al pasado.

A veces creo que pasas a mi lado.
A veces creo que al volver a casa estarás allí esperándome.
A veces creo que todo esto no es más que una pesadilla.
A veces creo que te olvido... no es cierto.


Tumbas


¿Por qué ese culto a los muertos?
¿Por qué la gente construye tumbas, panteones, mausoleos...?
¿Por qué se visitan las tumbas, se dejan flores, se les adora de esa manera?

Más allá de la mera finalidad de eliminar los cadáveres de nuestro entorno, se rinde un culto impresionante a los muertos. Incluso hay un día dedicado a ellos.

Nosotros somos un cuerpo movido por una mente, al igual que una mano mueve una marioneta. El cuerpo en sí no es más que un amasijo de células, sin valor alguno. Pero cuando detrás de ese cuerpo hay una mente que lo controla, la cosa cambia.

En la mente están los recuerdos, los sentimientos, la inteligencia... en resumen, todo.
Pero cuando morimos la mente escapa, se evapora. Y se queda el cuerpo, una coraza vacía, corrompiéndose por la ausencia de vida.

Cuando la persona muere, lo único que queda de ella son los recuerdos que ha dejado en las personas. No hace falta visitar una tumba (en la que al fin y al cabo sólo vemos un trozo de muro, no vemos siquiera el cadáver) y llevarle flores, o tener una urna con sus cenizas en el salón.
Debemos recordar a la persona por como fue en vida, y no honrar un simple cadáver descompuesto.
Lo importante es que la persona haya dejado huella a su muerte, que sea recordado y que su vida perdure (de alguna forma) en la mente de las personas. No importa si el mausoleo es de mármol o si el ataúd es de pino, una vez muerto lo demás no importa.



La tela de Penélope o quién engaña a quién


Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

Augusto Monterroso


La felicidad del ignorante


El ignorante es feliz. El ignorante es feliz porque no sabe, y el que sabe se preocupa.
El ignorante no sabe si lo que hace está bien o mal (por lo que no tiene remordimientos).

El ignorante no sabe si hay problemas o si tiene problemas.
El ignorante ni siquiera sabe que no sabe nada.


Hay cosas que es mejor no saber, y hay cosas que deseamos no haber sabido.
Es muy fácil vivir como un ignorante.

Pero la vida hay que vivirla con los ojos abiertos.


Confesiones de un anarquista


Frank llevó a su joven amigo hasta el campo. El día era soleado e invitaba a relajarse. Le incitó a que respirara aquel aire tan puro. Joseph así lo hizo, y tomó una buena bocanada de aire. Notó como el frescor recorría su cuerpo, y se sintió indescriptiblemente agradado.

—Ves, el aire de aquí es fresco y puro, pues no está encerrado como el sucio aire de la ciudad. Se mueve libremente, no está atrapado, nadie le controla...
Lo mismo pasa con las personas. Estamos encerrados Joseph, encerrados.
Estamos encerrados en la sociedad, no tenemos libertad. Han escondido una dictadura detrás de la palabra democracia. Se sirven de mentiras y engaños para hacernos creer libres. Y lo peor, Joseph, lo peor es que la gente se lo cree.

La sociedad impone sus leyes, la sociedad impone lo que está bien y lo que no lo está. Y nosotros tenemos que obedecer.
No existe lo bueno ni lo malo, sólo existen diferentes puntos de vista. Y ellos nos imponen el suyo como si fuera el único, el correcto. Nosotros tenemos que actuar como ellos quieren, nosotros somos controlados como marionetas a su merced. No somos libres.

¿Pero por qué? ¿Por qué nosotros aceptamos sin más?
¿Qué es lo que diferencia al gobernante del que obedece?
Yo te lo diré, Joseph, yo te lo diré: La mentalidad. El ciudadano normal se conforma, sólo quiere unas pocas cosas, sólo tiene unas pocas necesidades. El gobernante es ambicioso, tiene sed de poder. Y para poder gobernar a la muchedumbre se sirve de la demagogia, da a los simples ciudadanos lo que ellos quieren oír y consigue conquistarlos, cayendo pronto bajo su poder.

Joseph, la gente no se da cuenta. Eso es lo malo. Estamos bajo su poder, estamos controlados...


Nunca volvió


Nunca volvió.
Nunca regresó de aquellos mares olvidados, de aquel rumor de olas perdidas, de aquel canto de aguas movedizas...

Se marchó al principio de los tiempos; cuando todo era distinto, cuando el mundo parecía otro y animales y personas compartían el lenguaje de la vida.
Se marchó cruzando mil y un océanos, aprendiendo a escuchar el mar, contemplando el espejo azul y leyendo en él las historias jamás contadas.


Un día de cielos grises decidió volver. No era un buen día para las decisiones importantes.
Volvió a cruzar los mismos caminos no trazados, volvió a seguir las mismas rutas teñidas de azul y gris. Pero el gran espejo ya no era el mismo; ahora era viejo y triste.
Había ahogado su vitalidad en sus propias profundidades, junto a cuerpos de miles de marineros que aún cuentan sus leyendas de criaturas ocultas y lugares soñados.



Vio a las nubes moverse amenazadoras, vio a los pájaros huir de un peligro invisible.
Y el mar, impasible ante las pasiones de los hombres; se tragó despiadado su cuerpo, hundiéndolo en su vientre profundo. Miles de sentimientos entrelazados se hundieron junto a la coraza muerta, apagados en el interior del azul oscuro.


Nunca volvió.

Siguió anclado a la madre de las olas por años y años, contándose secretos inconfesables; ya superada la línea de lo palpable, cruzada la barrera de la muerte...



Dios


Dios.

Desde el inico de los tiempos los humanos han tenido la necesidad de un dios, un ser superior al que pedirle, agradecerle, ofrecerle...
Y alrededor de éste se le han añadido otros dioses, santos, mitos, leyendas... dando forma a las diversas religiones.

Y cada religión tiene su dios, o mejor dicho su propio nombre para llamar a ese dios. Alá, Jehová, Zeus... o Dios simplemente.
Diferentes nombres, diferentes caras y diferentes ritos pero un mismo Dios.

Dejando a un lado el ámbito que los rodea; el Dios únicamente como figura, es prácticamente igual en todas las religiones.


Los Dioses no son diferentes según las religiones, son diferentes según las personas.

Aunque cada religión de un "forma" a cada Dios, todas estan nombrando al mismo. A un ser superior al que recurrir en caso de ayuda, al que agradecer los servicios prestados, al que rezarle para demostras devoción, al que homenajearlo en fiestas y ritos...
Pero en realidad, los dioses no son diferentes.

Y la única diferencia es que cada persona tiene su propio dios. Aunque haya miles de crisitanos, por ejemplo, tcada uno tiene una visión propia de Dios. Hay tantos dioses como creyentes.
Cada persona pide unas cosas diferentes, les agradece de diferente forma, le hace sus propias ofrendas. Cada uno modela a su propio Dios.

Es paradójico que cada uno moldee a su Dios, siendo éste el "ser superior". Al fin y al cabo el Dios no es más que el siervo del creyente.



Espero curarme de ti


Espero curarme de ti en unos días.

Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante.

En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.



Jaime Sabines


Otro año más


Estaba fumando el último cigarrillo del año. La ceniza caía volando hasta acabar en el suelo, amontonándose en cúmulos grises.
Quedaba poco. El cigarro se consumió tras la última calada, cayendo al suelo junto con la ceniza; unidos de nuevo. Una bocanada de humo emanó de sus labios.

A través de la ventana abierta se veía una noche azulada cubierta por una cortina de leve llovizna.

El tiempo continuó con su paso impertérrito.
El arrinconado reloj digital marcaba la medianoche. Unos lejanos doce golpes sonaban en el horizonte.
Rumores de gritos, risas y alegrías. Cantos de nuevas esperanzas, de deseos, de planes....

Sin haberlo percibido, había entrado en un nuevo año; aunque todo seguía igual.
Su rostro seguía impasible contemplando por la ventana las finas gotas caer. La ceniza seguía tirada en el suelo.
Otro año más.


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PD: Feliz Año Nuevo.