LA QUINTA ESENCIA

Día de la Paz


21 de Septiembre: Día Internacional de la Paz.


¿Día de la Paz? Por favor. Sí, suena muy bonito así dicho; pero... ¿cómo pretendéis crear un día de la Paz en este mundo?
En un mundo de guerras, donde las potencias mundiales luchan con cualquier arma que tengan en su disposición para destruir a las demás y convertirse en la única.
En un mundo donde los rencores entre países están latentes, donde los celos de uno a otro pueden acabar en destrucciones masivas... En un mundo así no puede haber un Día de la Paz.

Pero no sólo a nivel mundial... a nivel personal. Rencillas, envidias, prejuicios, odio... la humanidad está corrompida.
La avaricia y el ansia de poder van delante de valores tan básicos como el respeto y el compañerismo. Derechos como la libertad y la igualdad se olvidan cuando hay dinero de por medio.


El día en el que la personas se valoren por lo que son y no por lo que tienen, el día en que se acaben las guerras, el día en que se abandonen los celos, la codicia, el odio y la lucha por el poder... cuando ese día llegue, podrá llamarse Día de la Paz.




¡Un año al fin!


Hay que ver como pasa el tiempo...
Hace un año estrenaba este blog, y aún no me creo que haya pasado tanto tiempo desde entonces.

Estoy feliz de que este blog por fin cumpla un año, porque es como mi pequeño rincón para expresarme.
Durante un año he compartido aquí mis pensamientos, mis sentimientos, mis textos...
Y espero hacerlo durante muchos años más.
Así que después de esto, a por el segundo.

Y sobre todo, muchas gracias a los que me leen y a los que comentan, porque gracias a ellos este blog está vivo. Espero que sigáis leyéndome.

Hasta la próxima.


Cristales del alma


La noche se cierne con su manto de soledad.
Avanzas pisando el mismo asfalto de todas las noches; frío, sucio... muerto.
Tu rostro no muestra expresión alguna; serio y sombrío, igual que la triste ciudad.

Avanzas por la calle hasta que divisas un charco de vidrios rotos. Pero no te detienes ni cambias de rumbo. Sigues, imperturbable, como la fría noche.
Y cuando te aproximas, descalzas tus pies y continuas. Avanzas hasta que tus pies desnudos pisan los fragmentos helados, y te detienes.

Poco a poco el cristal va cortando la piel y penetrando en el cuerpo, cortando las venas y extendiendo su frío mortecino. Aun así no expresas alteración alguna.
Y mientras el charco de sangre se extiende bajo tus pies, sonríes. Sonríes mientras dos lágrimas atraviesan tu rostro. Tu sonrisa se mezcla con el llanto, en un gesto grotesco que evoca tu vida pasada.

Y como si los cristales recorrieran tu cuerpo, tu alma se fragmenta en pedazos, mientras tu cuerpo cae muerto al frío asfalto de la triste ciudad.
Y tan sólo la melancólica luz de una farola solitaria contempla la escena; amparando con su llanto de luz tu cuerpo, ya carente de humanidad.