LA QUINTA ESENCIA

Corrió


Y corrió. Corrió como nunca antes.
Corrió sin pensar, tan rápido como le permitían sus piernas, agotadas por el peso de las experiencias pasadas, corrió como el viento, y entre sus pies se entremezclaban el agua, la tierra, el aire, las gotas de sudor...
Sólo oía el latido de su corazón, rápido, acelerado y descompasado debido al esfuerzo, el sonido irregular de su respiración, el viento silbando en sus oídos, el pelo mecido pro el viento azotando su cara, el crujido de la hierba al doblarse bajo sus pies desnudos, libres de toda atadura.

Corrió para escapar de su rutina, sus pensamientos, de su pequeño pero aun así infinito infierno personal, donde la realidad y la ficción se entremezclaban y no se sabía el límite.
Corrió para dejar atrás todo aquello que odiaba y amaba, corrió para salvar su alma de todo aquello que la corrompía. Corrió, y en su carrera dejó atrás campos, ríos y mares, montañas y valles, llanuras y desiertos. Corrió, corrió sin parar, sin nostalgia por todo aquello que abandonaba y sin la menor angustia del qué dirán o del qué haré.

Solo corrió, y por fin, y pro primera vez en su triste y agitada vida, alcanzó la libertad absoluta, desechando de todos sus pensamientos y rozando con los dedos las nubes, el cielo y finalmente, las estrellas.
Y entonces, y sólo entonces, detuvo su carrera, y con ella los latidos de su corazón.


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Muchas gracias a Olga, por dejarme su texto.